Por @Alvy — 5 de Junio de 2016

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De todos es conocida la costumbre que tienen gatos, perros y otros animales domésticos de hacer algunas pirulas cuando sus dueños no están en casa. Los gatos, por ejemplo, tienen una fascinante vida nocturna que muchas veces pasa desapercibida para sus amos. A algunos propietarios confiados al hablar de esto responden aquello de «No, si mi gato nunca sale de casa, nunca va a ninguna parte…» ¡Bzzzzz! Error.

En Bored Panda cuentan de un estudio llevado a cabo por investigadores en la zona de New South Wales de Australia que les pusieron receptores GPS a los gatos en sus collares. De este modo pudieron recopilar semanas y semanas de datos y trazarlos luego sobre un mapa.

El resultado fue bastante asombroso: a veces porque salen para buscar comida, encontrarse con sus amigos gatunos o porque están en época de celo. Muchos recorren cinco o diez manzanas y cruzan calles hasta llegar a basureros locales o lugares donde encuentran restos de comida – o puesta allí por gente a las que le gusta alimentar a los gatos de los demás y a los genuinamente callejeros; otros se han visto hasta a 3 kilómetros de distancia. Casi siempre encuentran el camino de vuelta.

También se cuenta de un gato que era capaz de subirse y bajarse una montaña de vez en cuando, haciéndose hasta 10 km, y de otro que iba cada día a por comida – independientemente de lo que le diera el dueño. Al parecer estaba notablemente «gordito» y ni el veterinario ni el dueño se explicaban cómo era posible que siguiera engordando aunque le tenían a dieta. Pues resultaron ser sus atracones nocturnos.

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