Por @Alvy — 1 de Febrero de 2018

Rob Bliss hace el papel de ciclista porculero primero cerrando carriles con conos y luego taponando el resto con su bici a baja velocidad para denunciar el fin de la neutralidad de la red – y además lo hace frente a la sede de la FCC (la Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense).

En esta paródica metáfora, lleva un cartel en el que anuncia que «vende» por 5 dólares al mes un «acceso más rápido» a quien quiera pagarlo. El rosario de insultos y el despiporre de los policías –que se habían puesto serio– es épico. Al final se parten de la risa ante el vano intento de «devolver la libertad a la gente» cobrándoles por poder ir más rápido.

Es que si dejo que todo el mundo vaya rápido entonces no comprarían mi producto.

Al igual que sucedía con el anuncio de Burger King, la metáfora dista mucho de ser perfecta, pero es aproximada y graciosa. La situación equivalente sería más bien que los «policías» (que representarían a los ISP) decidieran que los coches rojos o verdes tuvieran un límite de velocidad distinto al de los demás, en función de sus intereses o según pagaran. Algo parecido a que Movistar decidiera que Netflix –con quien ha llegado a un acuerdo– no consuma ni contabilice de cara a pagar la tarifa de datos en el móvil, pero Filmin o YouTube sí. Esto perjudica tanto a los clientes finales como a las empresas que ofrecen esos servicios en internet.

Hay una forma muy simple para detectar si se está atentando contra la neutralidad de la red o no, que es remitirse a su definición más simple:

Todos los bits deben ser tratados igual.

Si esto no es así y unos bits viajan más rápidos que otros dependiendo de lo que contengan, mala señal.

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