Por @Alvy — 16 de Julio de 2019

En esta visita de Architectural Digest que nos hace Joe Farrell a su «humilde» morada de 40 millones de dólares todo es excesivo, y de mejor o peor gusto según cada cual. Pero desde luego, no deja indiferente. Algunos de los detalles que más llaman la atención (o más risa floja dan) del Sandcastle, que es como se llama, situado en los Hamptons (Nueva York), incluyen:

  • 2.800 metros cuadrados construidos en 5 hectáreas: 15 habitaciones y 19 cuartos de baño
  • Su propio campo de béisbol (además de cancha de tenis, basket y squash) «con la hierba meticulosamente segada cada día»
  • Una bolera oficial de dos pistas en el sótano, con su bar y algunas recreativas. Jesús Quintana sería feliz aquí.
  • Cajero automático por si necesitas sacar dinero (¡¿Quién necesita dinero viviendo ahí!?)
  • Habitaciones para la muchachada con videojuegos, pared de escalada, halfpipe de skate, etcétera. Te puedes hasta traer un DJ que tiene de todo.
  • Su propio teatrillo para hacer funciones infantiles; los disfraces van aparte
  • Sala de cine con diez butacas no sólo de máximo lujo, sino con «movimiento/vibración» sincronizado con las películas
  • Varias piscinas, spas y salas de masaje, algunas hasta con chimenea, que aquello parece Minecraft
  • Vestuarios más grandes que algunos Zaras
  • Cocina tamaño industrial. Además de 6 lavadoras y 4 secadoras para tener la ropa siempre limpia.
  • Apartamento privado, oficina, casas-dentro-de-la casa, en fin, lo más de lo más
  • Plazas de aparcamiento en dos plantas para 3+5 = 8 coches, a cual más «humilde» (Matías, toma nota)

y por supuesto,

  • Habitación para cortar flores. Porque una casa así tiene un jardín enorme con flores de todo tipo en su jardín, y si te gustan las flores frescas qué mejor que tener una habitación exclusiva y dedicada para «cortar flores». Que es más grande que muchos apartamentos de Madrid Central, claro.

He visto estaciones antárticas más agobiantes y casi más pequeñas que esta vivienda, la verdad.

En fin, la sensación que deja es de insana envidia aunque también se le pueden sacar muchos peros: el tamaño de la familia y la cantidad de amigos que necesitas para vivir ahí y llenarlo todo; el ejército de personal de servicio para atenderlo, que aquello debe parecer un hotel en días punta; las medidas de seguridad que probablemente lo harán parecer más una base militar más que una casa; la obvia falta de intimidad; la mala cobertura que tendrá el wifi (aunque pensándolo bien fijo que la casa cuenta con su propio ISP, fibra y wifi 5G o 6G en todas las habitaciones); lo abultado de la factura de la luz (y el agua, y el gas, y el aire y… todas las facturas). En fin, que quien no se consuela es porque no quiere.

Los mortales pueden disfrutar de esta humilde morada pagando 300.000 dólares semanales o comprársela tal cual (no sabemos si amueblada o no, qué menos) por 40 millones de dólares (unos ~4.000 bitcoins).