La gente es de lo que no hay. En 1992, el artista Christian Jankowski decidió volver a sus raíces de cazador-recolector, pero sin renunciar a la calefacción ni a las ofertas del día. En el documental conceptual Die Jagd (La caza), una de sus obras más peculiares, pasó una semana viviendo de lo que cazaba en el supermercado. Se presentó armado con un arco y unas flechas y, en lugar de acechar a los venados del bosque, apuntó a pollos congelados, paquetes de mantequilla, papel higiénico y otras especies autóctonas del Mercadona de turno. El Homo sapiens, tras su perfecta evolución: cazador de productos envasados y ultraprocesados.
Los depredadores naturales de este ecosistema eran las cámaras de seguridad, que Jankowski procuraba esquivar mientras abatía sus presas. La hazaña quedó registrada en un vídeo de 71 segundos, en formato 4:3, rayas estilo VHS y con sonido en alemán, porque todo documental de la naturaleza gana credibilidad con un idioma contundente:
Bonus para ese momento en que llega a la caja: la empleada, lejos de protestar o llamarle la atención, parece que ha visto de todo en su vida, así que admira los trofeos, pasándolos por el escáner con las flechas todavía clavadas. Y cobra la compra como si tal cosa. Milenios de evolución para descubrir que, incluso en plena vida salvaje, el verdadero depredador alfa todavía tiene que hacer uso de los código de barras para poder volver a su cueva con los alimentos.
(Vía Kottke.)






