Seguramente las llamadas de FaceCall sean buenísimas y la idea de un servicio que te avisa con un vídeo de quién te llama y para qué es perfecta, peeero… esa traducción automática parece que la haya generado el mismísmo Yoda.
Confiar tus traducciones a automatismos no debes.
Si es que ya lo dijo el sabio Jedi: ir From Lost to the River te lleva al el Lado Oscuro… ¡No aprendemos!
En la Neue Nationalgalerie de Berlín un artista apodado Beeple (que ya se forró con lo de los NFTs) tiene estos días expuesta una curiosa «obra de arte» llamada Regular Animals («Animales normales»). Antes ya había pasado una temporada en el Art Basel Miami Beach 2025. Es una especie de recinto con perros robóticos autónomos que se mueven libremente, con cabezas hiperrealistas de silicona de personajes famosos. Si todo esto ya es WTF, atención al rizo: además cagan obras de arte. Arte salido del arte; una metacagada artística, podríamos decir.
La lista incluye a Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Andy Warhol y Pablo Picasso: tres milmillonarios y dos artistas de toda la vida.
Los perrunos robots llevan cámaras y sensores para captar imágenes del entorno; para terminar de liarla, una IA reinterpreta lo que ven según el (supuesto) estilo cultural, artístico o ideológico de cada personaje, y los robots las imprimen y expulsan por la parte trasera. Es una metáfora bastante poco sutil, pero eficaz, sobre cómo los algoritmos observan, digieren y devuelven una versión procesada de la realidad.
Las copias impresas se reparten gratis entre los visitante, así que si quieres una «gracia» depositada con esmero por Zuckerberg o Musk, ya sabes por dónde pasarte.
A riesgo de parecer repetitivo, es imposible obviar esta versión «seranata romántica» de la Marcha Imperial de Darth Vader. Una versión tan humana y delicada que parece de cuento de hadas, aunque lleve todo el peso de John Williams y Star Wars detrás. ¡Y sin usar IA!
Hay gente que tiene ideas muy cafres. O son tan inocentes que se creen que nadie va a usar sus creaciones para el mal. Aquí tenemos el caso de Receipt Maker, un servicio web que sirve para crear recibos.
El concepto estaría muy bien si fueran para tu propia tienda; hay muchas apps que hacen eso.
Sin embargo aquí hay… redoble de WTF… plantillas para todo tipo de marcas registradas y locales bien conocidos que obviamente no son «lo habitual». Además están aderezados con descripciones con ideas de bombero acerca de cómo usar los recibos, del tipo
Si vas a vender un coche, te viene bien un recibo de hace seis meses de una limpieza completa por 300 dólares para demostrar que lo cuidas.
Un recibo detallado de una reparación de un ordenador puede servirte como prueba clave para reclamar una garantía, acreditando fechas e historial técnico»
Pudiendo personalizar todos los textos, cantidades, moneda, impuestos, mensajes, tipo de letra, color, datos de la tienda, impuestos y hasta el logotipo, es como tener un recibo real, pero falso sin necesidad de usar uno de verdad y retocarlo con Acrobat o con Photoshop. Trampas viejas en un formato nuevo.
Eso sí, hay que reconocer que los Términos y condiciones del servicio «prohiben» incluyen cuatro advertencias acerca de que no se use para hacer el mal:
Solo puede usarse con fines legales.
Está prohibido usarlo para crear recibos, facturas o firmas falsas.
No se puede usar para cometer un fraude, evasión fiscal ni otras actividades ilegales.
Recuerdan expresamente que crear documentos fraudulentos es ilegal y va contra sus normas.
Seguramente el recordatorio final sobra. Pero vaya, resulta que esto está en la letra pequeña de las condiciones que «todo el mundo acepta y nadie lee», por mucho «Sí, lo he leído» que haya que marcar antes de descargar el archivo PNG. Y el relleno para Google y las IA acerca de los «posibles usos» huele que apesta, así que… cuidadín.