Por @Alvy

Cuando se cae Internet (¡Nooooooooo!) el homo wifiensis puede pasar por un auténtico trauma las primeras 24 horas sin conexión. Es una travesía psicológica que recorre las cinco fases del duelo pero en versión digital.

Los primeros 10 minutos son de optimismo ingenuo: «seguro que ya vuelve». A los 20 minutos aparece la conspiranoia de nivel Fríker Jiménez, con vecinos sospechosos chupando ancho de banda mediante artes oscuras y tecnología alienígena. Tras 1 ó 2 horas empieza el combate contra el soporte técnico de la operadora, ese agujero negro donde se entra hablando como una persona y se sale convertido en un ente deforme que escupe insultos al no dejar de escuchar la melodía infernal en bucle.

La degradación continúa de forma predecible: a las 8 horas surge el síndrome del científico loco «esto lo arreglo yo. Voy a construir mi propio router y dominaré Internet hasta el infinito y más allá». A las 12 ó 13 horas incluso aparecen negociaciones metafísicas con $deity y otros seres superiores y promesas imposibles sobre abandonar ciertos (¡ejem!) rincones oscuros del Lado Oscuro de la web. Y al llegar a las 24 horas ocurre el giro argumental definitivo: el usuario sale al exterior donde hay vida, un Sol en alta definición y seres humanos que no son virtuales.

El sketch es de la gente de Enchufe.tv, un grupo estilo Muchachada Nui que tiene muchas otras muchas perlas en su canal de YouTube y que lleva arrasando en Latinoamérica desde hace más de una década. Buena demostración es este vídeo, que es tan válido hoy en día como cuando se grabó, hace más de 12 años. Con la excepción de los soniditos del módem chisporroteante, que podrían ser considerados licencia artística.

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Por @Alvy

«Mi compañero, el cubo»

Por aquí somos muy fans de los objetos que «hablan» de sí mismos en primera persona, aunque revisando el archivo veo que no hemos publicado muchos (pero a fe mía que tengo un montón fotografiados, ya caerán).

El caso es que esa «humanización» de trastos inanimados ha alcanzado un nuevo nivel cuando me he encontrado con este cubo de reciclaje que no sólo habla de sí mismo, sino de su compañero del al lado: el cubo de basura.

¡¡¡No soy un cubo de basura,
mi compañero del al lado, sí!!!

¡Que soy compañerooo! faltaría añadir.

Bonus: para esa triple exclamación anidada (sin que la RAE pueda hacer nada al respecto).

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Por @Alvy

Facecall y su peculiar traducción

Seguramente las llamadas de FaceCall sean buenísimas y la idea de un servicio que te avisa con un vídeo de quién te llama y para qué es perfecta, peeero… esa traducción automática parece que la haya generado el mismísmo Yoda.

Confiar tus traducciones a automatismos no debes.

Si es que ya lo dijo el sabio Jedi: ir From Lost to the River te lleva al el Lado Oscuro… ¡No aprendemos!

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Por @Alvy

En la Neue Nationalgalerie de Berlín un artista apodado Beeple (que ya se forró con lo de los NFTs) tiene estos días expuesta una curiosa «obra de arte» llamada Regular Animals («Animales normales»). Antes ya había pasado una temporada en el Art Basel Miami Beach 2025. Es una especie de recinto con perros robóticos autónomos que se mueven libremente, con cabezas hiperrealistas de silicona de personajes famosos. Si todo esto ya es WTF, atención al rizo: además cagan obras de arte. Arte salido del arte; una metacagada artística, podríamos decir.

La lista incluye a Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Andy Warhol y Pablo Picasso: tres milmillonarios y dos artistas de toda la vida.

Los perrunos robots llevan cámaras y sensores para captar imágenes del entorno; para terminar de liarla, una IA reinterpreta lo que ven según el (supuesto) estilo cultural, artístico o ideológico de cada personaje, y los robots las imprimen y expulsan por la parte trasera. Es una metáfora bastante poco sutil, pero eficaz, sobre cómo los algoritmos observan, digieren y devuelven una versión procesada de la realidad.

Las copias impresas se reparten gratis entre los visitante, así que si quieres una «gracia» depositada con esmero por Zuckerberg o Musk, ya sabes por dónde pasarte.

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