En términos de economía circular en Dinamarca lo llevan hasta el extremo. Algo así como el famoso «del cerdo se aprovecha todo» pero en versión macabra. El caso es que se les ha ocurrido reciclar el calor de las cremaciones a modo de calefacción urbana, un ahorro un tanto… ¿cafre?
La cuestión es aquello del «aprovechamiento integral». La idea es que si para una cremación ya hay que poner el horno a unos 980 °C durante 75 minutos, lo lógico es que al menos sirva para calentar los radiadores del vecindario. No es que vayan a poner un crematorio en el sótano de cada edificio, pero…
Han calculado que en sitios con 100.000 habitantes, donde hay unas 14-15 cremaciones al día, el sistema da para calentar unas 45 viviendas. Todo el proceso tiene una sostenibilidad exquisita: las cenizas para la familia, el titanio de caderas y rodillas para reciclar, y el resto en forma de gases bien filtrados y reconducidos a la calefacción urbana. Hubo quien se preguntó si usar cadáveres como «combustible» no quedaba un poco feo (¡Soylent green!) pero al final dijeron no, que solo era un subproducto.
Morirse, pasar por el crematorio y de paso bajar un poco la factura de la calefacción de los vivos. Economía circular de la de buena.
(Vía The World.)






